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Description

The Mill Cultural Factory


City of Santa Fe, Santa Fe Province, Argentina
[2008-10]

Status: Built

Construction Budget: $1,250,000

Design: Original Amancio Williams Design, adaptation Claudio Vekstein in collaboration with Silvana Codina and Mario Corea, Archs from the Special Projects Unit, Government of Santa Fe Province and the Williams Archive, Claudio Williams Dir

Design Assistants: Francisco Quijano, Luis Lleonart, Milena Alessio, Juan Carlos Blando, Franco Campodónico, Nadia Ferretti, Jorge Giunta, Eleonora Piriz, Fabio Scarano, Julia Garay, Raúl Utges, Archs

Structural Design: Tomás del Carril and Javier Fazio, Engs

Construction Management: Special Projects Unit, Public Works and Housing Ministry, Government of Santa Fe Province

Client: Government of Santa Fe Province

Location: Gálvez Blvd and República de Siria St, City of Santa Fe, Santa Fe Province, Argentina

Area: 21,100 sf

También los sueños forman parte de la historia; los postergados de una cultura, una sociedad, una comunidad, sus grupos o la visión vasta y generosa de un individuo, que permanecen latentes aunque no estén disponibles… para pegar su salto cuando las circunstancias los convocan.
Cuando conocí a Amancio Williams en el Taller del sótano de su casa del Barrio de Belgrano, retuve aquella impresión: en su trabajo furtivo y arcano, casi clandestino, esperaría paciente la ocasión. Esa ocasión no se dio nuevamente en el término de su vida, pero los sueños permanecieron intactos y nuestra tarea era simplemente implementarlos, trabajar para encarnarlos en el momento y lugar oportuno.

Y fue así como tantas otras veces que Claudio Williams, director del Archivo Williams -quien ha facilitado y guiado esta genuina iniciativa, autorizando generosamente el uso propicio de las estructuras-, solicita mi colaboración para encausar y asegurar la legitimidad del diseño de Williams en la implementación de sus sueños pampeanos. Corresponde aquí afirmar la importancia que tiene en esto el franco vínculo establecido por la familia Williams con el equipo del Gobierno de Santa Fe, que se dispone a respetar, poner en valor y fundamentalmente, dar dimensión real a las ideas y proyectos de Williams en el contexto de sus intervenciones públicas en la Ciudad.

La Bóveda Cáscara que en este proyecto empleamos fue uno de los varios estudios iniciados por Amancio en 1939 para estructuras de techos altos: una finísima cáscara de hormigón armado de 5 cm. o 9cm. de espesor que, en virtud de su particular forma, es capaz de soportar grandes cargas y de mantenerse en equilibrio por sí misma apoyada en su propia columna central, ofreciendo muy poca resistencia al viento, y generando un efecto de “paraguas” invertido lo que le da su nombre popular.
Pero a Williams le interesaba no solo el carácter individual de esta pieza aislada sino también su replicación numérica, la capacidad expansiva territorial de la misma, y muy temprano comienza a aplicar las bóvedas en grupos, o conjuntos de superficies fundidas, onduladas y continuas, “donde pueden ser suprimidas parte o partes de alguna o de varias de ellas, formándose así aberturas triangulares o rombos de lados curvos” (Williams, A.).

Así desarrolla los Tres Hospitales (1948-1953) proyectados para las localidades de Curuzú-Cuatiá, Esquina y Mburucuyá en la Provincia de Corrientes, zona de población rural entre los amplios ríos Paraná y Uruguay caracterizada por sus esteros y lagunas, de clima subtropical, fuertes lluvias y malas circulaciones terrestres, donde “un techo convencional en un clima de esas características hubiera implicado grandes espesores y diversidad de materiales, solución de escasa efectividad. Por esa razón se utilizó un sistema de dos techos: uno alto de espesor mínimo y otro bajo de poco espesor ya que no recibe prácticamente ni lluvia ni sol. Ese techo bajo puede tener iluminación y ventilación cenital. El techo alto, formado por bóvedas cáscara crea una zona sombreada y fresca. Entre ambos techos se logra una perfecta ventilación. Bajo el techo alto no sólo se albergan todos los servicios del hospital sino también los lugares de esparcimiento entre jardines y flores, los lugares de juegos para niños y de conferencias al aire libre entre fuentes de agua” (Williams, A.)

En 1963 retoma estos estudios pero nuevamente de manera individuada con el Monumento originalmente proyectado en memoria de su padre, el compositor de música Alberto Williams a los cien años de su nacimiento y diez de su muerte, que despliega luego y construye como Pabellón de Exposiciones para Bunge y Born en la Feria del Centenario de la Sociedad Rural Argentina en Palermo en 1966, sumando a su habitual paratáctica dual proyectual un gesto cuasi -figurativo, los dos semicilindros recuerdo fragmentario de silos y graneros de la compañía poblando el territorio. Tras solo dos meses de exposición (obteniendo apenas un Tercer Premio por parte del jurado) y pese a los esfuerzos de Williams para evitarlo, el Pabellón fue demolido para convertirse aunque ausente en pieza clave de la arquitectura y la cultura de vanguardia de una argentina que se ensayaba moderna.

Una trayectoria de desarrollo proyectual queda así impulsada entre la unidad estructural original (como reflejo del individuo), el conjunto múltiple (el grupo) y la potencial superficie (la comunidad), virtualmente ideal en sus delicados saltos de particularidad. Tensión que demuestra el paso del Monumento y el Pabellón al proyecto para el Santuario de Nuestra Señora de Fátima en Pilar (1967-1968) que aunque se dispone como una serie diagonal de bóvedas discontinuas, compone “una gran superficie cubierta por bóvedas cáscara destinadas a albergar a las muchedumbres que concurren a las peregrinaciones. El santuario propiamente dicho, rodeado por un fondo curvo metálico y cubierto por un techo suspendido, configura una pequeña capilla en donde está el altar, y una gran cruz metálica domina el conjunto proyectada sobre una loma que se destaca en el horizonte” (Williams, A.)

A diez años de la muerte de Amancio (1999) llevamos finalmente adelante la primera reconstrucción, y el homenaje resulto doblemente significativo: sumado a las visiones del propio Williams en sus dos proyectos para el Monumento y Pabellón, la Municipalidad de Vicente López en la Provincia de Buenos Aires encargó esta obra en su Homenaje con motivo del Fin del Milenio para el Paseo de la Costa frente al Río de la Plata, que fuera el paisaje de reflexión e inspiración permanente para Williams. Y así como en la línea que del estanque de agua y su reflejo el cielo realizan la unión ideal de las dos bóvedas que se mantienen tensas apenas distantes, en la otra definen la línea inquieta de sus pasiones inmóviles: Alberto y Amancio Williams, la pampa y el río, pampa húmeda y pampa líquida...

Esta exaltación de lo infinito pampeano es retomado por Amancio desde Alberto, quien ya estudio arduamente las formas, melodías y ritmos del lenguaje musical folclórico argentino, en sus retratos compositivos más particulares como El Rancho Abandonado o mis favoritas, Cinco Milongas: Luciérnagas en la Redecilla de mi China, donde emprende con puntillismo de superficie expresivo temas que abordan literariamente otros autores como José Hernández, Eduardo Gutiérrez y Leopoldo Lugones, como el despojo de la vida del hombre de campo, entre otros. Sabemos que los Williams han estado íntimamente ligados a esto, prueba de ello es el vínculo que establece con la empresa Bunge y Born para la construcción del mencionado Pabellón para la Exposición Rural Argentina del ’66, a través de su amigo Ignacio Pirovano, mecenas, coleccionista y primer Director del Museo de Arte Decorativo.
Recordemos que Bunge & Born es una empresa fundada a fin del siglo XIX con el fin de dedicarse a la exportación de cereales, cuando la Argentina se encontraba en pleno proceso de estructurar una economía agro-exportadora basada en la producción de carne y cereales, para dedicarse luego a industrializar el que por entonces era su principal producto de exportación, el trigo, instalando los primeros molinos harineros en el entonces Puerto Madero de la Ciudad de Buenos Aires, llegando a controlar el mercado alimenticio argentino, y extendiendo su influencia en el mercado internacional de cereales.

Es entonces evidente el nexo al menos histórico entre aquellos “Molinos Rio de la Plata” de Bunge y Born y los “Molinos Franchino” que nos ocupan. El edificio ubicado sobre Boulevard Gálvez nace también como consecuencia de la importante actividad agrícola de la región, primero en 1893 en la localidad de San Carlos Centro como “Molino Santa Teresa”, luego traslada su sede industrial a su actual emplazamiento en la ciudad capital, convirtiéndose en “Molino Ciudad de Santa Fe”, hasta convertirse en “Molinos Franchino” en 1985. El conjunto original contaba con tres cuerpos principales de edificio y una chimenea cilíndrica de ladrillos, que fueran arrasados por un ciclón en 1920; se construye el nuevo edificio, silos de ladrillo común y tres cuerpos adosados, luego se anexa un desvío ferroviario para facilitar el transporte de granos del norte del país, extendiéndolo posteriormente a la zona portuaria, se anexa la planta elaboradora de maíz y en 1973 los silos para embolse de harina, para finalmente el molino forrajero y las cocheras. El Molino Harinero Franchino se consolida definitivamente en la manzana comprendida hoy entre las calles Boulevard Gálvez, Pedro Vittori, Cándido Pujato y República de Siria, hasta que cierra sus puertas en 1995, cuando se remata y el edificio es abandonado.

Llegamos así al proyecto de recuperación actual, donde la calle interior del conjunto se abre como un paseo público de cause amplio entre las dos bandas programadas de edificios, articulando las infinitas vinculaciones internas de actividades culturales horizontales y cruzadas con las urbanas pasantes de más largo alcance, aglomerando así la pieza inicial de una cadena lineal de espacios públicos dentro de la ciudad siguiendo el curso de las vías del tren, partiendo del Molino, extendiéndose hacia el Parque Federal con la Redonda, el jardín Botánico y al norte de la ciudad.
Es precisamente por allí donde se filtra entretejido en medio del urbano –aún nativo de filiación rural, el continuo territorial masivo y pampeano de Williams, celebración mutua de arquitectura y natura, trayendo en su aun discontinua aunque integrada proliferación procesional de individuos (ahora en número, los mismos multiplicados del homenaje primario a él y su padre), los sueños renovados aunque aun no plenamente amalgamados de una comunidad, expresión a la vez diferenciada e igualitaria de sus varios grupos culturales y sociales, proyecto inconcluso de un país inclusivo, superador y distinto, reconciliado hacia adentro como con el devenir de lo nuevo siempre por venir.

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